17 Jun
Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada
Al hilo de la noticia del diaconado de Antonio Torres he estado pensando mucho en la importancia del servicio, especialmente en la Iglesia, entre nosotros los trinitarios, en nuestros grupos de jóvenes… Y recordé esta frase de Jacques Gaillot, que fue obispo en Francia y ha sufrido uno de esos destierros a los que suele castigar la “Iglesia oficial” cuando alguien dice o hace lo que no gusta. Uno de los libros más conocidos de este obispo se titula así: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. Nuestra esencia es el servicio, estar atentos a los que nos rodean, dejar que nuestra ternura se extienda incluso a quien no conocemos, confiar siempre, ¡confiar! Nos queda mucho camino… Porque si en algo nos caracterizamos no es precisamente en esto del servicio, y no significa que no hagamos cosas, porque ayudamos mucho a otros, somos seguramente la generación más solidaria que ha visto la tierra, nos conmovemos con el dolor y el hambre, con la muerte y el duelo de otros. Lo que ocurre es que esos otros suelen estar a muchos kilómetros de nosotros, y el servicio nos lleva precisamente a los que están más cerca, a los que vemos todos los días, a los que nos rozan, nos molestan, nos incomodan o nos alegran el día.
“Servir no es oficio de seres inferiores. Dios, que es la luz y la flor, sirve. Y cada día te pregunta ¿serviste hoy?” Estos versos de Gloria Fuertes me han dejado siempre fuera de juego, ¡Dios preguntándome si sirvo! Y yo suelo creer que sirvo para mucho, pero suelo olvidar que lo primero para lo que debo servir es… para servir, para ponerme a disposición del otro, de ese otro que está a mi lado, por supuesto; para entender, y ver, y oír el mundo desde él, o desde ella… Sigo creyendo que nos queda mucho camino por andar y que en la Iglesia solemos dejar eso del servicio a quienes sienten más ganas y menos repugnancia, a gente “vocacionada”, mientras aumentan los que prefieren “ser servidos”, estar en puestos de poder, a veces justificados con la razón de que permiten cambiar realmente las cosas, pero lejos, lejísimos, del servicio sencillo. Aumentan en la Iglesia los “hombres de negro” y disminuyen, como las hojas en otoño, los que prefieren la invisibilidad del servicio.
http://www.partenia.org/partenia_1996_2006/sp/index1.htm

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